Viviendo entre el arte y la esclerosis múltiple
Un espacio tranquilo donde, por un rato, nadie nos está pidiendo nada. Y quizás lo que hace especial a ese espacio no es realmente el espacio en sí.
Quizás es cómo nos sentimos cuando estamos allí.

¿Qué hace que un espacio se sienta tuyo?
A menudo pensamos en los espacios creativos en términos muy visuales. Por ejemplo, un estudio hermoso. Un escritorio bien organizado. Estantes llenos de materiales. Luz natural. Todo en su lugar.
Y no hay nada malo en ninguna de esas cosas.
Pero un espacio creativo no tiene que verse de una determinada manera para adquirir significado.
Puede ser una pequeña esquina de tu casa. Puede ser la mesa de la cocina cuando todos los demás ya se han ido a dormir. Puede ser un cuaderno de dibujo que llevas en tu bolso. Incluso puede ser unos minutos de tu día en los que te das permiso para crear algo sin preocuparte por si es bueno.
Porque quizás un espacio creativo no se define por lo que nos rodea.
Quizás se define por lo que se vuelve posible dentro de nosotras cuando entramos en él.
Un lugar donde no tienes que demostrar nada
Creo que esta es una de las razones por las que la creatividad se siente tan personal para mí.
Cuando creamos, no siempre hay una respuesta correcta. Una pintura no tiene que explicarse. Una página no tiene que ser hermosa. Un color no tiene que tener sentido. Un primer intento no tiene que convertirse en una obra terminada. Simplemente puede haber espacio para explorar.
Y ese tipo de libertad importa.
Especialmente cuando gran parte de la vida cotidiana nos pide que desempeñemos algún papel. Que seamos productivas. Que seamos capaces. Que tengamos respuestas. Que sigamos adelante.
Un momento creativo puede ofrecernos algo diferente.
Puede ser un lugar donde no tenemos que demostrar nada, sino simplemente un lugar para sentir curiosidad. Puedes intentarlo, cambiar de opinión y comenzar de nuevo.

Las pequeñas cosas importan
A veces, lo que hace especial a un momento creativo no es la actividad en sí. Son los detalles que lo rodean. Un bolígrafo favorito. Una taza especial. Un aroma que te hace sentir en casa. Una pieza de música sonando suavemente de fondo. La sensación del papel bajo tu mano. (Una de mis sensaciones favoritas.) Un color al que siempre pareces volver. Algo hermoso cerca de ti.
Estas cosas pueden parecer pequeñas.
Y, sin embargo, pueden cambiar la manera en que entramos en un momento.
Pueden decirnos, en silencio:
Puedes quedarte aquí un rato.
Y quizás eso es lo que realmente estamos creando. No solamente un espacio físico. Sino permiso.
Permiso para bajar el ritmo y escuchar. Para prestar atención. Para crear algo. Para simplemente estar.

Hacerte espacio
He aprendido que crear no siempre comienza sabiendo qué quiero hacer. A veces, comienza haciendo espacio.
Un espacio sobre la mesa. Espacio en mis pensamientos. Espacio para una idea que todavía no ha tomado forma por completo. Lugar para algo inesperado.
Eso es parte de lo que reconozco en Becoming Through Courage.
Cuando la miro, no veo a una mujer intentando convertirse en alguien más. Veo a alguien que ha hecho espacio para quien es ahora, mientras todavía permite que algo nuevo surja.
Hay una sensación tranquila de estar presente en sí misma.
No porque todo esté resuelto. No porque el recorrido haya sido fácil. Sino porque ya no necesita esperar a que todo tenga sentido para permitirse ocupar su espacio.
Y quizás eso es también lo que un espacio creativo puede ofrecernos.
No un lugar donde tenemos que convertirnos en alguien diferente, sino un lugar donde podemos encontrarnos con quienes somos.

¿Qué haría especial para ti un momento creativo?
Quizás sea tener los materiales adecuados cerca. Quizás sea la música. Quizás sea un objeto hermoso. Quizás sea escribir algo a mano. Quizás sea tener unos minutos sin interrupciones. Quizás sea recibir algo que te dé una idea para explorar. O quizás sea algo que ni siquiera he pensado.
No hay una respuesta correcta.
Lo que hace significativo un momento será diferente para cada una de nosotras.
Y precisamente eso es lo que hace interesante la pregunta.
Una pequeña invitación
Esta semana, quiero invitarte a pensar en tu propio espacio creativo.
No tiene que ser un estudio. No tiene que ser permanente. Ni siquiera tiene que existir todavía.
Simplemente imagínalo por un momento.
¿Qué habría allí?
¿Qué verías?
¿Qué escucharías?
¿Qué tendrías entre tus manos?
¿Qué haría que quisieras quedarte?
Y, sobre todo:
¿Qué haría que ese momento se sintiera verdaderamente tuyo?
No tienes que crear todo ese espacio hoy.
Quizás simplemente reconocer qué te gustaría tener sea suficiente.
Porque, a veces, crear un espacio para nosotras comienza mucho antes de mover una sola silla.
Comienza cuando reconocemos que merecemos un lugar donde simplemente podamos ser.

Si quieres seguir explorando
El Blooming Through Change Toolkit es otra invitación a crear un pequeño espacio para ti: un espacio para hacer una pausa, reflexionar y escuchar aquello que quizás está pidiendo tu atención.
No necesitas llegar con respuestas. Puedes simplemente comenzar desde donde estás.
Y me encantaría saber de ti:
